miércoles, 15 de abril de 2026

Artemis y Sus mamadas

¡Ya basta de la misma cantaleta, globertos! Me tienen hasta la madre con sus dibujitos de esferas y sus "pruebas" de la NASA. ¿No se dan cuenta de que la verdad está frente a sus pinches narices, en cada cosa que tocan, que comen, que ven? ¡Todo es cóncavo, carajo! ¡TODO!Piénsenle tantito, si es que les queda algo de materia gris. Agarran una manzana, ¿qué ven? Una forma que es cóncava por dentro, ¿verdad? Una papaya, ¿cómo es? Cóncava. Un melón, una sandía, ¡hasta un pinche huevo si lo parten por la mitad! La naturaleza, en su infinita sabiduría, nos grita la verdad en cada fruta, en cada semilla, en cada forma de vida. ¿Por qué diablos la Tierra, que es la madre de todo, sería la única excepción a esta regla universal?Es una lógica tan aplastante que solo un cerebro lavado por años de propaganda "científica" podría ignorar. ¿Acaso sus ojos no son cóncavos? ¿Sus oídos? ¿Sus pulmones? ¡Hasta el puto ombligo es una concavidad! La vida se desarrolla en espacios cóncavos, se protege en concavidades. Es la forma más eficiente, la más natural. 



Pero no, ustedes prefieren creer en una bola que gira a velocidades absurdas, donde el agua no se cae y la gente no sale volando por "gravedad" mágica.La NASA y sus titiriteros se ríen de ustedes. Les muestran fotos de "planetas" que son esferas perfectas, y ustedes, como borregos, asienten. Pero nunca les muestran la verdad de lo que tienen en sus manos. Porque si la gente empezara a ver la concavidad en todo, se darían cuenta de la mentira más grande de la historia. Se darían cuenta de que estamos dentro, protegidos, en un universo que es mucho más lógico y menos azaroso de lo que les han hecho creer.

Así que, la próxima vez que un globerto les venga con sus argumentos de "curvatura" y "fuerza de Coriolis", pregúntenle: "¿Tu cerebro es cóncavo o convexo, imbécil? Porque si es convexo, seguro que no le entra la verdad". La evidencia está en todas partes, en la forma en que la vida se manifiesta. Es la prueba más simple y contundente de que la Tierra es cóncava, y que los que nos han engañado son unos hijos de la chingada.

martes, 14 de abril de 2026

X y el Fin del Mundo:

 Todos Hablamos la Misma Mierda, es una ley. La semana pasada, me puse a darle una vuelta a esa madre que ahora le llaman X, antes tuiter. Y neta, qué pinche locura. Ya no es solo el chismorreo local o las pendejadas de los políticos de aquí. Ahora te metes y estás leyendo a un güey de Japón quejándose de su jefe, a una morra de Alemania que no encuentra dónde estacionarse, o a un vato de Argentina quejándose del precio de la carne. 

Todos conectados, todos echando el mismo rollo, pero en diferentes idiomas. Es como si el mundo se hubiera vuelto un solo pinche vecindario, pero con un chingo de idiomas y la misma cantidad de quejas.Y eso me puso a pensar en esa profecía vieja, ¿no? Esa de que cuando todos hablemos el mismo idioma, será el fin. Y la neta, viendo cómo está el pedo en X, creo que ya estamos a medio camino. 



No es que hablemos el mismo idioma literal, pero sí hablamos la misma mierda. Las mismas frustraciones, los mismos memes pendejos, las mismas teorías de conspiración. La barrera del idioma se está cayendo a pedazos gracias a los traductores automáticos y a que la gente ya no le tiene miedo a usar el inglés mal escrito. Es como si el espíritu humano, en su infinita sabiduría, hubiera decidido que lo más importante es compartir su miseria globalmente.Antes, cada quien en su rancho, con sus problemas locales. Ahora, gracias a estas plataformas, te enteras de que la estupidez es universal. Que el imbécil de tu vecino tiene un primo en la India que piensa igual de pendejo. 


Y que el problema no es la falta de comunicación, sino el exceso de ella. Porque entre más nos comunicamos, más nos damos cuenta de que, a pesar de las diferencias culturales y los idiomas, la capacidad de decir y creer mamadas es una constante en la humanidad.Así que, ¿el fin del mundo por un idioma único? No creo que sea por el idioma, sino por lo que decimos con él. Por la cantidad de ruido y de pendejadas que se replican a la velocidad de la luz. Y lo más cabrón de todo, lo que me deja pensando con mi café frío y mi bata manchada, es que me sorprende que en el mundo hay gente pensante pero igual hay una cantidad asombrosa de imbéciles.

miércoles, 8 de abril de 2026

La Guerra

Ah, la guerra. Ese viejo y confiable clásico de la humanidad. Mientras unos se desgarran las vestiduras por el último chismecito de tuister(x) o el precio de la tortilla, allá afuera, en el gran teatro del absurdo, los verdaderos titiriteros mueven sus fichas. Y nosotros, la bola de pendejos, aplaudiendo o llorando según el noticiero que nos traguemos. Que pinche hueva. No nos hagamos los sorprendidos. 

La guerra no es un error, es un modelo de negocio. Es el buffer de trabajo perfecto para el complejo industrial-militar, el reset del sistema cuando la economía se atora, la excusa ideal para que los de arriba se pongan más gordos y los de abajo más flacos. Y claro, el pretexto para que los políticos de mierda se inflen el pecho con discursos de "patria" y "libertad", mientras mandan a nuestros morros a morir por intereses que ni entienden. Es de no creerse, neta. ¿Que si me duele? La neta, ya no tanto. Después de años viendo cómo la sangre se coagula en los tubos de ensayo, uno desarrolla una especie de anestesia existencial. Es la misma mierda, solo que a escala macro. 



Aquí, en el laboratorio, lidiamos con el "oro rojo" de un solo cuerpo; allá, en el frente, se derrama a borbotones por la estupidez colectiva. La presición del químico clínico te enseña que cada mililitro cuenta, pero en la guerra, el conteo es de cadáveres, y a nadie le importa un carajo. Que se jodan. Los mismos que te venden la idea de que la IA tiene alma, son los que diseñan drones para que no la tengan. Los que se indignan por un piquete de aguja, son los que glorifican las explosiones a miles de kilómetros. Es la esquizofrenia umana en su máxima expresión: llorar por un perrito abandonado y justificar el genocidio con un "es que son otros tiempos". Pura mamada. 

 Así que, mientras los misiles surcan el cielo y los algoritmos deciden quién vive y quién muere, yo sigo aquí, en mi trinchera, con mi bata manchada de reactivos y café frío. Porque al final del día, la única guerra que me importa es la que peleo contra la ignorancia y la hipocresía. Y esa, mis estimados, es una batalla que nunca termina. A guevo.

miércoles, 1 de abril de 2026

Manifiesto del Quimico Clinico

Extiende el brazo y calla, a ver, vamos a entendernos de una puta vez. Estás ahí sentado con cara de que te van a fusilar y la neta, tu pánico me está contaminando el buffer de trabajo. Relájate. Inhala el alcohol, exhala el miedo y mírame a los ojos, si es que te atreves. 

 Hermano paciente, yo soy tú. No creas que nací con la bata puesta y el torniquete en la mano. Conozco tu miedo y ese malestar que sientes en la boca del estómago. Yo también he estado del otro lado de la aguja, pero hoy me toca a mí ser el verdugo con cédula profesional. Soy profesional, déjame ayudarte, ten paz. Ponte de mi lado, no seas culero. No tengo otra forma de hacer mi jale; tengo que herirte. Es física elemental: metal contra piel. No hay magia, no hay "milagrito". Te puedo dejar un moretón con la forma de san judas Tadeo, una bola que parezca tercer huevo o un dolor que te va a recordar que estás vivo y tal vez más Malestares. 

Lo siento, pero en serio, piensa que hay cosas peores en este mundo podrido. Hay guerras de egos en Twitter(X), pederastas impunes en islas privadas y gente que cree que la IA tiene alma. Un piquete de una aguja pedorra es una caricia comparada con la realidad allá afuera. Te juro, no me tardo mucho. Si dejas de tensar el brazo como si estuvieras defendiendo la patria, esto se acaba antes de que alcances a decir "ay". Aquí en el laboratorio no hay super wueyes jugando al héroe. Aquí estamos los que sabemos lo que vale el "oro rojo". 


Olvídate de los mitos; aquí no hay batas blancas impolutas, hay manchas de reactivo y café frío. Somos l@s mejores vampir@s diurnos del mundo. Tenemos la precisión de un relojero y el hambre de quien sabe que cada mililitro cuenta para que el sistema no colapse. Así que abre la mano, cierra el puño, piensa en algo bonito mientras busco una vena que valga la pena y deja que haga lo mío. 

jueves, 26 de marzo de 2026

Marzo 2026: Reciclando el Apocalipsis

 El guionista de este planeta ya se quedó sin ideas y en este marzo de 2026 nos está recetando un remake barato de las mismas tragedias de siempre, pero con mejores filtros de Instagram. El botón rojo de los imbéciles: Trump y la OTAN siguen jugando a las vencidas mientras Israel e Irán se miden el aparato con misiles. Y nosotros, la masa de idiotas, mirando al cielo el 3 de marzo porque "¡la luna se puso roja!". No se pendejeen: el horizonte está rojo, pero por las explosiones, no por el eclipse. Disfruten el espectáculo nuclear mientras dure. 

 Nostalgia de plástico: El algoritmo de Spotify tomó el control de la CDMX. Tenemos a Bryan Adams, la Aguilera y Deftones cobrando boletos a precio de riñón. Es 1998 otra vez, pero con la diferencia de que ahora una IA está decidiendo si vas a tener trabajo el lunes mientras tú cantas rolas de hace 30 años. Pagamos fortunas por nostalgia porque el presente es una mierda que nadie quiere mirar de frente.

 Petróleo, Santos y Tacos: La esquizofrenia mexicana en su máxima expresión. Pasamos de celebrar la "soberanía" de un petróleo que no es nuestro, a darnos golpes de pecho en Semana Santa, para terminar, tragando tacos el día 31. Un país que reza se llena de grasa y finge que el mundo no se está cayendo a pedazos. Conclusión: La IA ya planea tus viajes, la guerra ya tiene playlist y los tacos subieron de precio otra vez. El mundo se está incendiando, pero al menos la banda sonora está decente. Sigan lamiendo el pavimento, que es lo único que nos sale gratis.



martes, 24 de marzo de 2026

Prometo: No trabajar ni un puto día

Todo el mundo vive huyendo de algo, que si el lunes es un monstruo, que si ya falta poco para el viernes, que si "necesito vacaciones para no colgarme del techo". Es el deporte nacional: odiar el lugar donde pasas la mitad de tu vida. Y la neta, los entiendo, la mayoría de los empleos son una trampa para ratones con mejor iluminación. Pero luego estamos los otros. Los que encontramos nuestra "mierda" ideal y nos quedamos ahí, bien acomodados. 


No es que sea un romántico o un pinche optimista de esos que dan hueva. Es algo más cínico y más puro a la vez. Es llegar, ver el desmadre, los tubos, la sangre, las emergencias y la histeria de la gente, y sentir una paz que no tiene sentido. Es como estar en el ojo del huracán y pensar: "A huevo, aquí es". Esa es la verdadera tranquilidad. No es estar tirado en una hamaca rascándote el ombligo, eso te pudre el cerebro. La paz real es que tu "obligación" sea lo mismo que tu obsesión. Mientras todos los demás están contando los minutos para escapar de su realidad, tú te sientes como el dueño del casino. Estás en tu elemento. Es casi un robo, si lo piensas. 

Te pagan por hacer lo que harías de todos modos para no volverte loco. Es el único momento donde el sistema no te tiene agarrado de los huevos, porque no estás intercambiando tiempo por dinero, estás intercambiando pasión por un sueldo que, de paso, te sirve para seguir financiando tus otros vicios. Que se queden con su paz de fin de semana y su alcohol para olvidar el lunes. 

Mi paz es entrar aquí, cerrar la puerta y saber que, mientras afuera todo es un caos sin sentido, aquí adentro yo sé exactamente qué cartas tengo en la mano. No es trabajo si es lo que te mantiene vivo. El resto es puro cuento de gente que todavía no encuentra su lugar en este basurero.

Ya salí pedo el Domingo, a ver que más historias nos traerá esta nueva vida.